Un día entre humeantes tazas de confidencias, hablamos de
respeto. Confesé que era algo que consideraba difícil de dar y recibir. Tú, en
cambio, lo hiciste ver fácil. Escuchar y no imponer. Y no es que yo imponga,
pero soy de opiniones fuertes y a veces tengo que morderme la lengua para no
soltarlas sin pensar en nadie más. Dices que hago las cosas al revés, puede ser
que sí. “Primero tienes que respetar para entender y luego, si eso, compartir.”
Tan fácil, a tus ojos. Pero yo tengo problemas para respetar lo que no
entiendo, lo que no comparto, lo que moralmente me parece horrible, o
simplemente estúpido. Hay días que creo entender, otros despotrico cuan sin
sentido me parece. No puedo evitarme preguntar qué es exactamente el respeto.
En qué medida lo sentimos y en qué lo fingimos. Creo que en ocasiones Respeto
es una palabra que ha perdido su valor, y simplemente la blandimos como una imposición
social.
A veces me pierdo intentando encontrar el verdadero.
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