miércoles, 23 de noviembre de 2011

Lazos


He sido de lazos débiles, sin preocuparme demasiado en profundizarlos, sin importarme la fecha de caducidad. Quizás demasiado concentrada en mí, quizás excesivamente enamorada de la soledad. O puede simplemente que no conociera otros tipos de lazo. Puede incluso que los ansiara. Entonces llegaste tú, exigiendo, tejiendo sobre aquel hilo hasta convertirlo en una cadena. Tirando fuertemente hasta que tú misma anudaste mi parte. Exigiendo, exigiendo. “No lo sabes, pero serás mi mejor amiga”. En cierta forma aquello me hizo feliz, ¿a quién no le gusta ser perseguida? Pero seguí evitándote, no sé qué te hizo ver que congeniaríamos. ¡Madre mía! ¡No teníamos nada que ver! Posiblemente eras una de las personas más distintas a mí. Al final tuviste toda la razón, teníamos que ser amigas, inmersas en una amistad peculiar, difícil de explicar. Seguimos sin tener nada que ver. Posiblemente eso nos hace más complementarias. Fuiste el primer lazo atado fuertemente a mi muñeca. Ahora tengo unos cuantos más. A veces peco de estúpida, pensando que no los necesito. Cabezona como yo sola. Otras tiro fuerte, hasta notarlos estrangularme la muñeca, a punto de sacarme el brazo. 

¿Sabes? Este es un lazo del que no me cansare de tirar, para que no se rompa.

domingo, 13 de noviembre de 2011

Jaula de Cristal


Dime, pequeña, ¿eres feliz en esa cajita de cristal? Entre esos muros que con tanto afán tu misma te construiste. En esa realidad vacía en la que te empeñas en vivir. Dime, preciosa, ¿sientes dolor? Ese que te hace sentir tan mal que a veces deseas no despertar. ¿Miedo? Tanto que te paraliza, con la mente en blanco y las manos temblando, sin saber qué hacer. ¿Rabia? Sentir arder cada poro de tu piel, apretar los dientes tanto que temes romperte la mandíbula, cerrar los puños tan fuerte hasta hacerte sangre al clavarte las uñas. Querida, ¿has sentido amor? Tanto que se convierte en el más fuerte de los dolores, en el peor de los sufrimientos. O, ¿quizás tu especialidad es la soledad? 

Dime, Linda, ¿qué tanto lloras por las noches? ¿Qué sientes mientras ves como cambia todo fuera? Cómo la gente llora, ríe, corre, sufre, ama. Dime, ¿qué haces tú mientras? ¿Qué sientes? Llora, pequeña, sufre. Maldice tu desgracia, tu estupidez.


Porque lo único que sentirás en tu vida es el frio cristal bajo tu piel.

viernes, 4 de noviembre de 2011

¿Negación? Yo lo llamo Fortaleza


Suelo tener mucho carácter, me enfado, me pongo a gritar, me lío con mis aspavientos o simplemente me pongo borde. Por eso me sorprendo cuando son cosas mayores, cuando es un verdadero problema, cosas que nunca podré perdonar. Entonces razono, demasiado fría, demasiado lógica. ¿Qué puedo hacer al respecto? La respuesta suele ser nada. Entonces lo aparto, lo dejo ir a una esquina y miro hacia delante. ¿Crees que lo evito? ¿Que niego el dolor? No sé qué decirte, no me remuerde la conciencia, tampoco creo que afecte a mi vida. Quizás no lo creas, buscarás formas de encontrarme el trauma. Busca, busca, me divierte que lo hagas. Están allí en aquella esquina, habla con esos recuerdos tanto como quieras. Insistirás, ¿verdad? ¡Negación! ¡Negación! Sólo me harás reír y lo sabes. Guárdate tus estúpidos prejuicios para los mediocres, no intentes encasillarme. Porque miro atrás con los ojos bien abiertos, veo cada segundo de mi vida sin parpadear. ¿Qué si cambiaría algo? Habría muchas cosas que cambiar, pero me gusta cómo soy ahora y eso es resultado de cada uno de esos segundos. Pero no te equivoques, no creas que simplemente los dejo allí. Soy demasiado rencorosa para eso. Lo siento, no perdono (no tengas en cuenta mis disculpas vacías de arrepentimiento). 

Porque si no fuera fuerte tendría una larga lista de traumas.