Suelo tener mucho carácter, me enfado, me pongo a gritar, me
lío con mis aspavientos o simplemente me pongo borde. Por eso me sorprendo
cuando son cosas mayores, cuando es un verdadero problema, cosas que nunca
podré perdonar. Entonces razono, demasiado fría, demasiado lógica. ¿Qué puedo
hacer al respecto? La respuesta suele ser nada. Entonces lo aparto, lo dejo ir
a una esquina y miro hacia delante. ¿Crees que lo evito? ¿Que niego el dolor?
No sé qué decirte, no me remuerde la conciencia, tampoco creo que afecte a mi
vida. Quizás no lo creas, buscarás formas de encontrarme el trauma. Busca,
busca, me divierte que lo hagas. Están allí en aquella esquina, habla con esos
recuerdos tanto como quieras. Insistirás, ¿verdad? ¡Negación! ¡Negación! Sólo
me harás reír y lo sabes. Guárdate tus estúpidos prejuicios para los mediocres,
no intentes encasillarme. Porque miro atrás con los ojos bien abiertos, veo
cada segundo de mi vida sin parpadear. ¿Qué si cambiaría algo? Habría muchas
cosas que cambiar, pero me gusta cómo soy ahora y eso es resultado de cada uno
de esos segundos. Pero no te equivoques, no creas que simplemente los dejo allí.
Soy demasiado rencorosa para eso. Lo siento, no perdono (no tengas en cuenta
mis disculpas vacías de arrepentimiento).
Porque si no fuera fuerte tendría una larga lista de
traumas.
Eres demasiado inteligente como para cegarte del calor del orgullo y la venganza. Creo que sabes bien lo que te conviene y nunca jamás te harías daño a ti misma ni siquiera si eso significa herir a quien odias.
ResponderEliminarEres demasiado inteligente como para caer en la venganza ciega.