lunes, 4 de junio de 2012

Y sólo quiero poner distancia

Estoy cansada. Malditamente cansada de toda esta surrealista situación. Hasta las narices de todo. De ti y de tu personalidad. De que a la mínima que te sientas atacada saltes como una gacela a la yugular. ¿No te cansas?  De tu recién adquirida (y bastante patética) inseguridad. De tu estrenada dependencia. ¿Realmente siempre fuiste así? ¿Tan ciega he estado? No te sabía tan parásito, tan eco de pensamientos ajenos, tan influenciable, moldeable. Supongo que estabas en un pedestal hecho por pura rutina y contra más se rompe más me molesta. Porque la razón tiene nombre y apellidos sin ser ella la culpable real. Porque eres sólo tú y tus anhelos escondidos. Y me cansa y me hace maldecirla sin conocerla, para evitar maldecirte a ti. Porque aún me queda algo de consideración. Algo que puede que se acabe después de esta semana. Pero por favor, no me hagas cerrar los ojos con tal de no mirarte. Casi tengo ganas de huir el tiempo que ella esté aquí.

Porque nunca hemos estado bien. Sólo manteníamos un equilibrio. Porque no casamos, porque estas ciega y egoísta. Y tienes la osadía de intentar refregarme el mio. Pero yo estoy orgullosa del mio, porque no tengo razón para no estarlo. Pero me pregunto cuanto llorarías si abriera la boca. No sabes de la misa la mitad y te las das de entendida. Se te escapa todo entre tus dedos y te crees llevar las riendas. Y estoy cansada, cansada, cansada. Y sólo quiero dormir y despertar el lunes que viene y fingir que nada ha ocurrido.

Te maravillaste al saber  mi número 1. Pero no es que fueras sustituida, es que hace mucho tiempo que dejaste ese puesto vacante.