Cada día que pasa tengo más ganas de tirarme por el precipicio. Sin
saber que hay abajo, sin tener en cuenta cuan profundo puede ser. Estoy
aquí, a escasos metros del borde, fantaseando como sería si lo hiciera,
dando vueltas en circulo, presa de un ansia difícil de controlar. Pienso
en correr y saltar. Pero aun hay roídas cadenas que insisten en atarme a
esta tierra árida y seca. Malditas. Aun así, no puedo evitar reír con
antelación, sabedora de que sólo yo puedo ganar esta batalla. Las
cadenas acabaran cayendo y yo terminare libre. Y sólo Dios sabe las
ganas que tengo de que eso ocurra.
Porque una vez prometí aprender a volar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario